¿Por qué hacemos Relajación en yoga?

En las clases de yoga llamamos “Relajación” al segmento que se ubica al final de cada sesión y que tiene el objetivo de integrar física, mental y energéticamente todo lo trabajado durante la clase. Después de una sesión de secuencias y posturas tod@s deseamos profundamente ese momento donde nos tendemos en la colchoneta y “no hacemos nada”.

Está comprobado científicamente que muchas de las técnicas de relajación que se utilizan en yoga permiten controlar nuestro propio nivel de activación, a través de la modificación directa de nuestras condiciones fisiológicas, sin necesidad de recurrir a recursos externos. De allí la importancia de conocer, experimentar e incorporar estas técnicas que no sólo son imprescindibles para cerrar tu práctica, sino también para reducir el estrés, calmar la mente y equilibrar la energía cada vez que lo necesites.

La postura que habitualmente se utiliza para la relajación es “Savasana” o postura del cadáver. Podríamos decir que, físicamente, es una de las posturas más sencillas ya que consiste en tumbarse boca arriba y dejar caer todo el cuerpo en la esterilla. Pero… ¿qué ocurre con nuestra mente cuando hacemos esta postura? Allí se presenta el gran desafío: poder permanecer quiet@s, cómod@s y conscientes el tiempo que dure la relajación.

El primer desafío: permanecer quiet@s y cómod@s

Basta con que le des a la mente la orden de que el cuerpo debe permanecer quieto para que se empeñe en “sacarte” de ese estado. Seguramente te ha pasado que cuando ya te encuentras cómod@ en la postura empiezan a aparecer picores, cosquillas y adormecimientos. La mayoría de esas molestias son trampas de tu propia mente y es necesario aprender a vencerlas. ¿Cómo?  Observandolas con “consciencia de testigo”, cuando te sientas impaciente y con la necesidad de hacer algún movimiento intenta permanecer quiet@ y observar esas sensaciones, verás como van desapareciendo.  

El segundo desafío: permanecer conscientes

Ahora bien, cuando logras estar quiet@ y cómod@ tienes otra misión:  permanecer consciente. Y aquí pueden pasar dos cosas que te lo compliquen: 

Una es que te gane el cansancio y te quedes dormid@. A todos nos ha pasado alguna vez y no debemos martirizarnos por ello, pero permíteme una sugerencia: si habitualmente sueles quedarte dormid@ es porque tu cuerpo te está pidiendo DESCANSO. Quizá debas revisar la cantidad y calidad de tu sueño y hacer los cambios necesarios para descansar mejor. Con un cuerpo y una mente descansada es más fácil mantener la concentración, permanecer consciente y que la relajación cumpla su objetivo. Cuando notes somnolencia respira profundamente 2 o 3 veces y concentrarte otra vez en seguir las pautas. Si aún así te duermes, en el momento que te des cuenta, retomas la práctica y no pasa nada. 

También puede sucederte que al estar en una posición agradable, tu mente se active y te entretenga con todo tipo de pensamientos, imágenes e ideas que poco tienen que ver con lo que está sucediendo en el aquí y el ahora. ¿Te ha pasado alguna vez? Muy probablemente tu respuesta sea: ¡Muchas! ¿o me equivoco? Déjame decirte una cosa: la mente está hecha para pensar, e indefectiblemente intentará captar tu atención con miles de propuestas… pero tranquil@, no te suma agobiarte por ello. Respira profundo e intenta “anclar tu atención” en algo del presente, puede ser la voz de tu instructor/a (cuando la relajación es guiada), los sonidos del ambiente, tu respiración o alguna sensación de tu cuerpo. Cada vez que tu mente tienda a “irse en pensamientos”, vuelve “amablemente” a traerla a ese “objeto de atención” las veces que sea necesario.

Incluso ese torbellino de pensamientos que pasan por tu mente puede convertirse en tu “objeto de atención”, porque una cosa es “pensar” y otra cosa es “observar lo que piensas”. Al ubicarte en el lugar de observador de tu actividad mental estás “cogiendo el toro por las astas” y poniéndolo a tu servicio. Por eso activa tu “observador interno” y registra esos pensamientos como si los vieses desde fuera, como si estuvieran pasando por una pantalla. Utiliza tu “conciencia testigo”, trasciende los límites de tu propia mente y verás cómo en poco tiempo esa catarata de pensamientos se convierte en un lago de aguas calmas.

Concluyendo… debes ser paciente y amable contigo mism@ en la tarea de reeducar tu mente, y cada relajación es una oportunidad de entrenarte en ello. Aprópiate de tu relajación, observate en ella y verás como poco a poco la vivirás con más presencia y conciencia.

 

Daniela Grivel
Instructora de Yoga
Lic. en Psicología

 

Bibliografía consultada

Olivares Rodriguez J.; Mendez Carrillo F. (2010).  Técnicas de modificación de la conducta. Cap 1: Técnicas de relajación y respiración.

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